La Apatía Y Yo

Nací sonriendo.
No consiguieron que llorara. Eso lo dejé para unos años después y en mi intimidad.
Mi madre me criaba, mi padre me enseñaba y mis hermanas me mimaban. Y yo ya era un curioso, entusiasta, con ganas de reír y de vivir.
Caminé muy pronto y hablé muy tarde.
Ya me gustaba la soledad y mi mundo es lo que me rodeaba en mi habitación, dialogaba con mis muñecos y me daban consejos, aunque solo hacía caso a mi osito. Y ponía a correr mis pequeños coches y siempre ganaba mi preferido.
Quería ser payaso o bailarín.

Mis juegos solitarios crecieron con las cámaras de cine y de fotos de mi padre. Podía elegir, encuadrar y focalizar la que quería fuera mi vida.

No me gustaba ir al colegio, incluso le tenía un poco de temor. Quizás temor a los otros. Pero cambió el día que me di cuenta que los otros me aceptaban, me querían y me llenaban y yo a ellos.
Un compañero de clase me definió como una gabardina grande donde todos cabían dentro.
Los amigos me llevaban a más amigos y estos a más. Y eso eran más risas y más imágenes.
Entonces quería ser o Director de Cine o Payés.

Y seguía, con mi cámara, pudiendo elegir, encuadrar y focalizar la que quería fuera mi vida.

Mis años veinte fueron el despertar de tantas cosas…que duraron todos los treinta también.
Adolescencia divertidamente larga, de la soledad a la magnitud de amigos. Y con los amigos viviendo mi soledad. Los amigos como diversión y crecimiento. La soledad como liberación de mi imaginación, de mi intelectualidad.
Estudio para director de cine.
Trabajo desde muy joven, por voluntad propia. Porque trabajando podía ganar tiempo y libertad.
Voy al cine casi cada día, solo, aunque a veces acompañado. Voy a bailar toda la noche varias veces a la semana, acompañado, aunque a veces solo.
Solo he fumado un cigarrillo, no me gustó nada. El resto de los cigarrillos los fumó mi padre que murió sin un pulmón, demasiado joven.
Hace 24 años hoy.

Pero siempre me quedó aquello que el eligió, encuadro y focalizó con su cámara de cine. Sus películas.

Empiezo a ser profesional de cine muy joven. Un trabajo divertido, fantástico, imaginativo. Un trabajo en colores y con mucha música. Un trabajo donde vives todo aquello que creías que no verías.
Y así empecé a dirigir mis películas. A escoger los colores y los ruidos, la oscuridad y los silencios.

Yo lo que quería era elegir, encuadrar y focalizar la que quería fuera mi vida.

Igual que empiezo a dirigir mi vida más íntima, los silencios acompañados y la soledad escogida. El trabajo interior.
Y también el cansancio corporal y vital.

Me empieza a ser difícil elegir, encuadrar y focalizar la que quería fuera mi vida.

Busco los caminos pero solo encuentro de muy curvos. Cansados.
Escojo ser payés y marchar de mi zona de control. Me voy a Formentera. Recojo uva.
Y mi cuerpo se rompe día a día.
Lo dejo todo, días de médicos y poco cine.

Y empiezo, solo y solamente, a no elegir, ni encuadrar y si focalizar toda mi vida en mi cuerpo. Ensimismado. Abstraído del resto de la vida.

Vivo cansado. Apático. Absolutamente Apático
En la Apatía.

Pero sonrío por que nací riendo. Suerte de nacimiento.

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