Día 3 – El Dromedario Suicida

Llevo un buen rato bajando en el ascensor de casa de Rut y Rot, cada piso son metros y metros de altura.

Justo al llegar a la puerta de la calle me encuentro que todo es agua, es un canal de agua. Se acerca una tortuga nadando y le pregunto.

– Los días pares las calles se transforman en canales para que los habitantes marinos puedan disfrutar de su ciudad – me comenta – ¿quieres que te lleve?

Subido al caparazón recorremos canales. Un delfín nos ha pasado con una sonrisa. El cocodrilo que me empujo ayer me ha reconocido y se ha disculpado, llegaba tarde al trabajo.

La tortuga me lleva al bar Gran Casino. Me apetece probar la comida del lugar.

Es un local de grandes dimensiones aunque se queda pequeño por la cantidad de clientes que hay.
En el centro hay una gran escalera que sube y otra que baja. En los bajos puedo ver un grupo grande de animales hablando muy airadamente. Mi curiosidad me obliga bajar y escuchar de qué hablan.

-Una huelga general sería lo mejor- dice el león –luego nadie se atreve a hacerla- comenta la águila –pues una bomba, pongamos una bomba- el ñu -¡Anda ya!¡Ya estamos!¡Sería lo mejor!¡Ostras ostras!- todos vocean a la vez y eso les da un punto de anonimato en sus comentarios –una bomba siempre nos ha funcionado como medio de presión- repite el ñu –pero también nos trae problemas morales cuando hay muertos- opina la termita –y a veces se nos pone en contra el efecto- finaliza la oca.

Se levanta el flamenco –un poco de tranquilidad compañeros. Vamos a votar todos los temas. Primero, creemos que nos están anulando como ciudadanos, que nuestra opinión no tiene valor ninguno, que las leyes se hacen con total intención de controlar nuestros actos y nuestros pensamientos y que para ello usan toda la fuerza policial y militar para conseguir que gane el miedo en nuestra mente. ¿Cuántos estáis de acuerdo?- Todos levantan su pata de aprobación.

-¡Me han dicho que en algunas ciudades nos obligan a ir con correa!- dice el perro.

-Sigamos con la votación, por favor- sigue el flamenco –¿Cuántos están de acuerdo con una huelga general?- votan -¿Cuántos por una manifestación?- nadie vota -¿Cuántos optan por poner una bomba?- es la opción más votada.

-Yo me ofrezco para ponerme un cinturón explosivo- expresa el dromedario

-Por favor, por favor. Nada de muertos. Si ponemos una bomba que sea en un lugar vacío, un monumento por ejemplo. Un susto. Hemos de mostrar nuestra fuerza también- finaliza el flamenco.

Todos mueven sus patas como aprobación y se levantan haciendo pequeños corrillos. Me acerco al dromedario que se ha quedado solo y apenado y le acaricio el lomo intentando algún ánimo. Me mira con alguna lágrima en sus ojos. –¿Quedamos mañana para pasear?- le digo. Él, sentado, asiente sentidamente.

Subo al bar. Subo al primer piso que se escucha música. Toda la planta es una gigantesca discoteca llena de animales bailando y bebiendo.
Me apoyo en la barra. No tarda en acercarse una coneja que me corteja con las orejas que mueve a gran velocidad.

Estamos ella y yo, desnudos, en su cama. Mirando el techo.

-¿Puedes susurrarme Lao-Tse?- le pido
-Lao-Tsetsetsetsetsetse- los conejos no son de fácil seseo a causa de sus dientes

En cualquier caso un abrazo creo que me hace falta. Nos miramos y nos abrazamos cálidamente.

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