Día 27 – Magnicidio

Tras el largo pasillo una luz brillante

Desde el exterior de la villa del miedo he podido coger un pequeño avión para pocos pasajeros.
Está preparado para la salida de paracaidistas por la parte trasera del avión.

Viajo solo con una oronda persona, muy dorada toda ella ya que va cargado de oro en sus manos, en su cuello y donde haya cabida.

Al ir solo se ha sentado frente mío buscando conversación.

Es el gobernador de la ciudad que acabo de sufrir.

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Día 26 – La Ciudad De Los Pasillos Del Miedo

Me han llamado extranjero despectivamente.

La ciudad no tiene calles.
Tiene canales llenos de cocodrilos.

Las personas solo pueden cruzar las calles a través de unos pasillos y luego transitan por los pasillos interiores de los edificios.

Los pasillos que cruzan los canales son estrechos y con la barandilla baja.
Es fácil caer y todas las personas quieren ir por el centro y se apelotonan dándose codazos y sin importarles quien cae al canal. Siempre que no sea él el que caiga. Seguir leyendo “Día 26 – La Ciudad De Los Pasillos Del Miedo”

Día 25 – El Hombre Del Pozo

El hombre se baña cada día en el pozo.

El pozo está en las afueras de una casa deshabitada en la llanura cercana al bosque, en el altiplano del lugar. Es el típico pozo de pared redonda con polea y una cuerda para recoger el agua del fondo.
Es el único pozo sin propietario en muchos quilómetros a la redonda.

El hombre puede llegar en cualquier momento del día al pozo y con toda solemnidad se desviste. Y cada prenda la dobla pulidamente y la recoloca en el pie del pozo.
Una vez desnudo se ata la cuerda en la cintura y entra en el pozo. Seguir leyendo “Día 25 – El Hombre Del Pozo”

Día 23 – Feliciano Y El Sexo Con Soledad

Tomando un aperitivo con Yord.

Por la ciudad me habían hablado de él porque sabe muchas historias de la villa. Me han regalado una foto para localizarle. En la coctelería lo encontré.
Me explica la historia de un amigo de la familia, Feliciano.
Lo escribo literalmente mientras me lo explica Yord.

“Hace tiempo que sucedió.
Feliciano ya no podía resistir tanta soledad; estaba realmente agotado de tanta soledad; quería escapar, evadirse de la soledad, pero no podía; sus sueños le perturbaban pensando en la soledad; sus días se acortaban en aquella inmersión de la soledad; sus ideas no coordinaban ante la soledad y sus deseos se desvanecían frente a la soledad…

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Día 22 – La Sopa De Letras Y Sócrates

El silencio de la Ciudad es absoluto.

Y en la calle las personas caminan de un lado para otro. Con prisa, con el rumbo fijo. Y sin un ruido que salga de su caminar y su hacer.

Creo como estar sordo.

La gente compra y paga sin comunicación alguna. Todos saben lo que compran y lo que han de pagar.

Es muy, demasiado, inquietante, y no se estar de esta forma.
Pero ahora estoy aquí.
Y tengo hambre.

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Día 21 – Ciudad De Las Tapias Y Los Colores

Escogiendo derecha o izquierda continuamente.

El autobús nos deja en un cruce de cuatro calles.
El autobús se aleja y me miro las cuatro calles. Las cuatro tienen un alto edificio a la derecha y uno igual de alto a la izquierda. Cada edificio de un color diferente. Al fondo una tapia.
Calles sin salida.

¿Calles sin salida?

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