Día 6 – El Suicidio Y El Tren

El dromedario se vuelve a la ciudad y yo seguiré mi viaje. Han sido dos días intensos.
Nos hemos abrazado un largo tiempo.

– En un rato pasará, y ves hasta el final – me dice el dromedario

Le miro con una sonrisa y una lagrima. La emoción no me deja decir palabra.

– Y espero que tu si puedas salir de la apatía. Yo no lo consigo. Quizás no quiero. Me gustan las contradicciones – me sigue hablando.

Empieza a caminar hacia el oasis y hacia la ciudad. Yo desde el lago le saludo con la mano.

– ¡Olvídate del cinturón! – acabo gritándole en referencia a la asamblea del otro día.

Se gira y empieza a trotar. Y me quedo un rato mirándolo.

Me siento junto al lago y remojo mis pies.

Se escucha una explosión a lo lejos.

Unas lágrimas resbalan por mis mejillas y una sonrisa nerviosa en mi boca.

Al rato ha llegado el tren que me dijo. Subo. Voy solo y va directo hacia el oasis. En el oasis empieza a circular en círculo rodeando el desierto interior.
Luego viene otra vuelta entera. Y otra. Y otra. Y seis más.

Y ya no veo ni el desierto interior ni el desierto exterior.
Y si una estación entre un bosque.
Bajo. Un niño viene hacia mí. Lleva un bote de cristal con una lagartija dentro.

– Hola. Soy Paúl y mañana es el cumpleaños de mi madre – me dice el niño – ¿Quieres venir a mi casa?
– Bueno…no se muy bien que voy a hacer aquí.. – realmente estoy muy aturdido.
– Mi casa es la única que hay en este bosque. ¿Te vienes?

Se pone a caminar y le sigo a unos pocos pasos. Se gira.

– ¡Colecciono lagartijas!

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