Día 7 – Las Lagartijas De Colores

Hoy es el cumpleaños de la madre de Paúl.

A Paúl le gustan las lagartijas. Las distingue por el color de la piel, por el tamaño de la cola, por la forma de la cabeza.
Las del bosque, debajo de los árboles se dejan coger con facilidad, por la cola. Las que suben por las rocas de la pared de la casa son más escurridizas y las caza con una lazada con una tira de trigo.
A las del huerto les pone un cepo, un cubo medio enterrado con tomate en el interior. Cuando entran ya no salen.
Así que las coge las mete en los potes que guarda de mermelada o lentejas o aceitunas o almendras.
Reúne los potes según el tipo de lagartija que hay dentro.
Las de color verde, las de color marrón, las azules y las amarillas.
A su vez divide las de cabeza ancha y las de cabeza estrecha.
Y a su vez las de cola corta y las de cola larga.
El tamaño de la lagartija lo deja para el final.
Las guarda todas en el interior de su cabaña que le construyó su abuelo. -Para tus secretos- le dijo. Sus secretos se amontonan totalmente ordenados.

Hoy ha decidido escoger la mejor de todas. LA LAGARTIJA.

Enseguida descarta las de cuerpo pequeño. O tienen que crecer -o son mayores y se hacen pequeñitas como yo– piensa Paúl.
Los de cola corta son los siguientes en salir de la cabaña. Son difíciles de coger.
En el primer estante están las lagartijas de color verdoso, con cola larga y tamaño grande.
En el segundo las azuladas de las mismas características.
En el tercero las lagartijas amarronadas que son las más grandes de todas.
En la última estantería están las amarillentas.
Paúl mira a todas las lagartijas. Todas las lagartijas miran a Paúl.
Están ansiosas, nerviosas. Todas quieren ganar. Se miran entre ellas, de reojo, para no perderse los movimientos de Paúl. Todas se ven triunfantes. Paúl en el centro de la cabaña. Controlando la situación. Un error en la elección podría ser fatal para el fin.
Escoge eliminar las azuladas. La mayoría de ellas están en potes de lentejas y Paúl aborrece las lentejas.
Solo quedan las amarronadas y las verdosas. Las dos son hermosas, unas por el color intenso y las otras por su cuerpo y su saber estar.

Paúl les ha puesto medio tomate a cada una de las lagartijas. Se han bañado entre las pepitas del tomate para estar guapas y brillantes.
Todas quieren ser las ganadoras.

Paul construye dos terrarios grandes con unas piezas de plástico duro. Y los rellena con mucha tierra.
En uno pone las marrones y en el otro las verdes.
Todas corren hacia las paredes pero no pueden subirlas, resbalan.
Paúl las mira. Las toca con un palo. Mira las reacciones. La forma de caminar. La forma de mirar. La simpatía. El orgullo. La cordialidad.
Se fija que las marrones tienden a pelearse. Se muerden la cola. Se miran mal. Incluso Paúl escucha como una ha insultado a otra.
Las verdes son calmadas, demasiado quizás. Se respetan en silencio. Se creen las ganadoras.
Paúl abre la pared del terrario de las marrones y todas salen despavoridas.

– ¡No os vayáis! Ahora escogeré la ganadora – les grita Paúl.

Las verdes, velozmente mientras Paúl no mira, entre todas, amontonan tierra y escapan espantadas. Paúl ya no le da tiempo a coger ninguna, cuando se percata que hay una cola de una lagartija escondida en la tierra. La coge con cuidado.

– ¡Eres la ganadora!

Al final de la cena, después de que su madre ha soplado las velas del pastel de su cuarenta aniversario, Paúl le regala la lagartija escogida con un lazo azul rodeando su cuerpo.

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Un comentario en “Día 7 – Las Lagartijas De Colores

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