Día 9 – Paúl Y La Burra Mareada

Paúl tiene 10 años y está aburrido. Me ha enseñado los cuentos que escribe en una libreta. Me lee LA BURRA MAREADA.

En un pueblo lejano de aquí vivía una burrita llamada Popa. Esta vivía con un señor que no la necesitaba de nada y era muy antipático.
Un día Popa se cansó porque ese nombre que se había inventado un hijo del dueño parecía nombre de perra y su dueño le llamaba Po. Ella estaba cansada de vejez y de no trabajar (gandul).Pero una tarde el dueño la necesitaba, pero estaba cansada de no hacer nada, y no se movió. Juan, el dueño, se enfadó muchísimo. Lo iba a echar, pero le dio pena, pero lo tenía que echar por vaga y le dio una patada.

De la gran patada, fue a parar a un caminillo de carros y ganados. La burra se levantó y siguió caminando. Por el camino se topó con un campesino. Este no le quiso poner nombre y se la quedo. La necesitaba para hacer varios trabajos de campo. Pero un día en medio trabajo encontró una mula fuerte, robusta, etc… A la pobre burra le tocó la patadita, de señal que no la querría ver nunca más por allí.

Siguió el caminillo de carros y ganado. Hasta que….
…. A un kilómetro de la casita del campesino había un desvío y llegaba a un gran pueblo, llamado Carambola de caramboleta.
Una señora muy conocida en el dicho pueblo la cogió y se la llevó a su casa. Todo el mundo decía a la pobre vieja -¿Qué quiere hacer la competencia a la burra?- La vieja estaba como un tomate. Cuando llegó a su casa recordó que no tenía sitio para la pequeña burrita. Después la llevó a una casucha donde subastan toda clase de cosas: animales, muebles, etc… Un señor le dijo que como se llamaba y la señora le dijo que “Tristona” porque tenía la cara tristona.

AQUÍ Empezará LA GRAN SUBASTA:
En la tanda de “tristona” empezó con 100 pesetas; siguió con 110 pesetas. Nadie hablaba, el subastador dijo
–ciento diez a la una, ciento diez a las dos y ciento diez a las tre…- -¡ciento cuarenta!- dijo un señor alto y levantando la mano. Al mismo tiempo dos señoras, una gorda y otra flaca dicen –¡ciento sesenta!- solo una de las dos tiene que decirlo; y empezaron a pelearse mientras seguían con ciento cuarenta pesetas.
Al final, las dos señoras, se quedan solas en el subastador. Después se preguntan -¿y “tristona”?- uno le contesta que lo ha ganado el alcalde de Carambola. La flaca se desmaya, pero la gorda no puede, de lo gorda que está.

El señor alcalde tenía un nombre como todos. Este se llamaba Pedro Carambolón (de allí viene el nombre de Carambola). Pedro Carambolón la utilizaba muchísimo y “Tristona” estaba contenta de su trabajo: ir al pueblo, volver, etc…
También era un poco cansado. “Tristona” no le gustaba su nombre, pero se divertía muchísimo, porque los hijos del alcalde les contaba chistes, cuentos, cosas que les ocurría en el colegio y cosas que les ocurría en casa, etc…

Un día en el pueblo, “Tristona” se encontró una cabra que se llamaba “Graciosa”.
“Graciosa” y “Tristona” se perseguían, jugaban, saltaban, etc…
Pero hubo un momento que estaba como atrapada. Y era que estaba atada por una cuerda.
A “tristona” no le gustó nada este mal rato, se sentía ahogada.
“Tristona” se enfadó tanto que se puso furiosa y cuando vino su dueño, lo tiro al suelo. El alcalde se enfadó también con “Tristona” y le dio una gran patada que fue a parar a 10 metros de distancia, todo el mundo le pedía autógrafos al alcalde.

A “Tristona” no le gustaban nada las patadas.

Mientras iba caminando y medio balanceándose, pensaba que “Tristona” era un nombre horrible. Pensó en varios nombres. El que le gusto más fue “Burra mareada”, porque entre patadas, refunfuñas, gritos, vagueando, etc… estaba mareada.
Caminando, caminando llegó hasta el mercado de Carambola llamado Caramboleta. La burra entró y se armó… con la boca cogió una manzana roja y la dependienta le dio un tortazo, pero le pegó flojo porque le daba pena.
Después hizo otros estropicios y sus dueños le tuvieron que pegar una buena paliza por entrar y hacer estropicios.

A “Burra Mareada” le gustaba mucho correr. En ese momento tenía que correr. Pero no tenía ganas, no podía, estaba mareada.
Cuando salió del pueblo, lleno de garrotazos, se fue hacia un bosquecillo muy profundo y espeso, que pensaba que sería su mejor sitio de su vida. Cuando llegó, unos animalillos al verla con esa cara le preguntaron
-¿nos conoces? ¿Qué te ha pasado? ¿Qué ha ocurrido?- ella no pudo contestar y mientras decía –que nadie hable de lo sucedido-

Nunca se había mareado, bueno, puede que alguna vez, pero como esa nunca se había mareado.
“Burra Mareada” quedó unos días sin conocimiento y al final ni se acordó que estuvo con el señor, ni con el campesino, ni con el alcalde y aún menos recordaba que se mareó tanto.

Esta es la gran aventura de esta pobre criatura que la trataron tan mal.

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