Día 10 – El Pescador Y El Tiburón

Espero en el puerto para coger un barco que me lleve a algún lugar.

Esta mañana el pescador ha preparado todo lo necesario para pasar unas horas navegando y su pequeña red para pescar alguna cosilla con la que abastecer a su familia y a sus amigos a la vuelta.
El sol ya se ha asomado y el mar esta tranquilo. Con el motor en marcha sale del pequeño puerto. Hasta mar abierto.
Es un buen pescador. Es un buen marinero. Y hasta mar abierto.
Le gusta echar la red y mirar como los peces la evitan. Le gusta pensar que los peces son inteligentes. Le gusta pensar que los peces piensan. -Ellos no viven en la mediocridad de los de mi pueblo- piensa.
Le gusta sentarse medio tumbado en la parte de atrás de su barca. Mira el cielo.
Le gusta cuando el cielo está totalmente azul porque se siente único.
Le gusta cuando el cielo tiene nubes porque le resguardan de la soledad.
Le gusta tatarear canciones. Se las inventa, cree el, pero lo que hace es imitar los diferentes ruidos del mar y del viento.
Hoy no canta, esta callado. Quiere oír el silencio. Y dice que lo oye.
Pero un fuerte movimiento le asusta. Intenta levantarse pero no puede. Y de repente la barca empieza a navegar sola a una rápida velocidad. El pescador está nervioso y paralizado.

Después del caos llega la tranquilidad. Se levanta y mira alrededor de la barca. Recoge la red que se la encuentra rota en mil trocitos.
Ha sido un largo recorrido y el pescador ya no sabe donde esta. Mira el horizonte pero no acaba de orientarse.

De repente se le aparece un tiburón que se le acerca. El pescador siente miedo.
Se aparta como si quisiera esquivarlo, pero el tiburón se para delante suyo, saca el morro y se lo mira.
El pescador se da cuenta que el tiburón sonríe.
El tiburón se queda al lado de la barca, casi quieto.
El pescador poco a poco se acerca más junto al tiburón.
El tiburón, cuando nota acercarse al pescador, saca el morro y le ensaña los dientes.
El pescador se asusta pero acaba creyendo que se está riendo a carcajadas y le divierte, incluso le hace reír.
Y se ríe.
Se ríe mucho, a carcajadas, con estruendo. Y el tiburón con el morro fuera, la boca abierta, enseñando los dientes y emitiendo unas pequeñas risas.

El sol esta cayendo hacia el mar.

El pescador cesa de reír de golpe. No sabe donde esta. Ha sido un largo parón y no sabe dónde está. Mar a cuatro lados. Y el sol se va a otro lugar.
La luna no aparece. La oscuridad es total.
El pescador ya no tiene miedo. La suerte le ha traído hasta aquí. De cuando en cuando la barca se tambalea un poco. Es el tiburón que le da señales de vida. El cuerpo lo tiene dolorido pero le va pasando poco a poco. Ahora se siente bien.

Al amanecer el pescador decide guiarse por el sol.
El tiburón da vueltas alrededor de la barca.
El Pescador intenta poner en marcha el motor pero no hace señal de funcionar. El sol aprieta y hace calor. Y el motor no responde.
El pescador empieza a agobiarse.
El motor no va.
La barca esta parada.
El mundo también.
El tiburón saca el morro y mira al pescador y le enseña los dientes.

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