Día 13 – Estoy Triste Y Cansado

Durante la mañana han puesto de pie la luz de popa que cayó anoche.

Miro toda la labor entre el sentimiento de culpabilidad y el sentido de la responsabilidad, a falta de la capitana.

La capitana sigue en enfermería y parece que ha empeorado durante la noche. El golpe en la cabeza fué grande.

El cable aún chapotea en el mar, mirando por popa.

– Señores pasajeros, en cinco minutos empieza el campeonato de petanca en la terraza del piso 17 – por los altavoces.

El repiqueo de bolas metálicas resuena por todas las cubiertas. Por lo menos desde la del piso 15 donde estoy mirando la lámpara y el cable.

Me siento triste y cansado.
Y hoy es cierto.
Sensaciones de la infancia.

Miro el mar fijamente, es lo más atractivo y abstractivo en este momento. En el día de hoy.

Silencio interior.

– Señores pasajeros, el oficial de puente, en su cargo de capitán suplente, va a inaugurar la nueva lámpara de la cubierta de popa del piso 15 – Por los altavoces.

Roto mi silencio interior decido quedarme y desquitarme de la culpabilidad con la lámpara.

Aparecen unas decenas de pasajeros y no están los vecinos. Esto empieza bien.
El capitán suplente se acerca a la cubierta. Nos sonríe militarmente y se queda a unos metros de la lámpara que la mira sacando pecho. Con una señal de mano a un marinero, se enciende la luz.
Y se enciende.
Como la luna llena.
Y todos los pasajeros aplauden fervorosamente.
A otra señal el marinero apaga la luz.

– ¡Cuidado! – gritan desde arriba

Una bola de petanca cae en la cabeza del capitán suplente. Todos miramos hacia arriba y vemos a mi vecino. Y la vecina y sus hijos, vecinos, que llegan al poco, a mirar como el capitán suplente está estirado en el suelo y dejando una gran mancha de sangre en el verde suelo de la cubierta.

Han decidido llamar a un helicóptero para llevarse a la capitana y al capitán suplente al hospital más cercano.

Quiero despedirme de la capitana y pedir mis disculpas y subo al helipuerto de la planta veinte.
El helicóptero está a punto.
El capitán suplente ya está dispuesto en el interior.
La capitana al verme quiere hablarme. Y yo acerco mi oído a su boca.

– Lao Tse… ¿quieres venir con nosotros y marchar de este infierno? –

Justo al acabar su susurro ya estoy sentado dentro del helicóptero.
Cierran las puertas y el helicóptero empieza a elevarse.

Pasando por la última cubierta del barco veo a mis vecinos, solos, haciendo la conga alrededor de la piscina.

Vamos por encima de la mar.
Y la miro.
Porque hoy me siento triste y cansado.
Y hoy es cierto.
Sensaciones de la infancia.

FullSizeRender(31)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s