Día 21 – Ciudad De Las Tapias Y Los Colores

Escogiendo derecha o izquierda continuamente.

El autobús nos deja en un cruce de cuatro calles.
El autobús se aleja y me miro las cuatro calles. Las cuatro tienen un alto edificio a la derecha y uno igual de alto a la izquierda. Cada edificio de un color diferente. Al fondo una tapia.
Calles sin salida.

¿Calles sin salida?

Entro en una de ellas y me acerco a la tapia. Y es entonces cuando veo que hay dos calles, una a la derecha y otra a la izquierda. Cada una de ellas con dos altos edificios uno a cada lado y de color diferente.
Entro en el de la izquierda. Un alto edificio de color rosado a la derecha y otro igual de alto de color verdoso a la izquierda y al fondo una tapia.
Al fondo de la tapia una calle a la izquierda y otra a la derecha. Cada una con un edificio alto a la izquierda y otro a la derecha, con la fachada de colores diferentes.

Todos los edificios son idénticos y todos con colores diferentes. No he visto ninguna fachada con el mismo color.

Giro por la calle de la derecha.
El edificio de la derecha de color rojizo claro.
El de la izquierda azul cielo.
Voy hasta la tapia.
Al final una calle a la derecha y otra a la izquierda.
Las dos calles con un edificio alto, idéntico a todos y de otro color a la izquierda y un edificio alto, idéntico a todos y de otro color a la derecha.
Al fondo, en las dos calles, una tapia.

Sigo así de izquierda a derecha y todas las calles son igual.
Dos edificios idénticos con color diferente y una tapia al final con dos calles.
Una a la izquierda y la otra a la derecha.

Por fin me cruzo con una persona. Y le pregunto. Y me contesta.

– Aquí todas las calles son iguales.
– ¿Y cómo sabéis a dónde vais?
– Cada uno sabe en qué color vive. Y apenas salimos. En nuestros edificios disponemos de todo y hacemos todo ahí. Salimos pocas veces.
– Pero…repito ¿Cómo sabéis llegar a los sitios?
– Los colores de los edificios nos guían. Son degradaciones del color. Hay cuatro rutas. La que va del Blanco al Negro. La que va del Verde Oscuro al Verde Esmeralda. Del Rojo Oscuro al Rojo Coral. Y del Azul Acero al Azul Océano.

Hago un silencio de extrañez.

– Perdone tengo que marchar. – me dice el desconocido que acabo de conocer. Y se va.

Ahora me doy cuenta de las degradaciones. He seguido el camino de los rojos. Luego el de los azules.

He decidido hacer una prueba.
Tengo delante una tapia.
Una calle a la izquierda y otra a la derecha.
Voy a dar la vuelta entera para llegar al otro lado de esta tapia.
Giro a la izquierda. Giro a la derecha. Giro a la derecha. Y finalmente giro a la derecha.

Al fondo no hay una tapia.
Hay una reja y me acerco.

Una reja que da a una verde pradera y unas altas montañas enfrente.
A mis pies una pendiente pronunciada justo tras la reja.

Una sirena suena repetidamente durante tres veces a un volumen muy alto.
Oigo pisadas de alguien corriendo por algún callejón próximo.
Alguna ventana que se cierra.

Enfrente mío, en la verde pradera, una casa con un rio al lado, un árbol, un camino que llega hasta la puerta y la chimenea humeante.

Vuelve a sonar una vez más la sirena a un tono más elevado.

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