Día 22 – La Sopa De Letras Y Sócrates

El silencio de la Ciudad es absoluto.

Y en la calle las personas caminan de un lado para otro. Con prisa, con el rumbo fijo. Y sin un ruido que salga de su caminar y su hacer.

Creo como estar sordo.

La gente compra y paga sin comunicación alguna. Todos saben lo que compran y lo que han de pagar.

Es muy, demasiado, inquietante, y no se estar de esta forma.
Pero ahora estoy aquí.
Y tengo hambre.

El restaurante central, como no, está en el centro de la villa, y es el único que sirven comidas al público. Y está repleto de gente pero siempre hay algún lugar para sentarse. Es una comida rápida. Y silenciosa.

El restaurante es tan grande como toda una manzana de la ciudad. Está lleno de mesas alargadas donde todo el mundo las comparte, en silencio.
La gente entra y se va disponiendo en las mesas que cree más conveniente.
Y las personas que sirven van colocando el plato a cada persona. Siempre comen lo mismo. Un solo plato.
Solo entran si quieren comer ese plato.
El silencio es absoluto.
El colocar de los platos en las mesas es perfecto. Silencioso.
Y el sorber de la gente…es silencioso. Comen sopa.

El plato único de este restaurante es una sopa.
Una sopa de letras.

Me siento en una mesa donde ya hay mucha gente sentada.

Las personas sorben sopa a la vez que manipulan la pasta de la sopa.
Hacen frases en los laterales del plato sopero.
Y algunas veces, y estoy viendo que es muy común, se intercambian los platos.

“Esta noche me gustaría compartirla contigo”
“Hoy no puedo mi pareja también quiere estarlo” – le contesta al primero.

Veo que a veces el primero comparte el plato con otra persona sin cambiar la frase.

“Me llamo Lid y soy anestesista”
“Yo Kux y estoy en una cadena en una fábrica de coches”
“Hoy hace frio”
“Es lo lógico en el mes que estamos”
“Las golondrinas vuelan bajo”
“tus palabras me adormecen”

Es el texto de un plato que corre por la mesa.

Entiendo el contexto del lugar y entro en el juego. Y antes de empezar a comer le escribo un texto que le paso a la persona de mi lado.

“¿en qué pensáis?”

Y me contesta

“Un hombre que no sabe muy bien aquello de que habla, cuando piensa, no hace otra cosa que conversar consigo misma, interrogando y respondiendo, afirmando y negando, y cuando lo ha resuelto, sea más o menos pronto y ha dicho su pensamiento sobre un objeto sin permanecer más en duda, ha hecho un juicio. Así pues, juzgar, es hablar, y la opinión es un discurso pronunciado, no a otro, ni de viva voz, sino en silencio y a sí mismo.”

Me ha dejado sin letras en la sopa y no puedo contestarle. Aunque se levanta y se va.
En su plato,

“Socrates”

Sorbo el líquido de mi sopa sin estropear el texto.
Con un trocito de letra que me queda le pongo el acento a “Sócrates”

Este lugar es el espacio de comunicación de la villa.

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