Día 23 – Feliciano Y El Sexo Con Soledad

Tomando un aperitivo con Yord.

Por la ciudad me habían hablado de él porque sabe muchas historias de la villa. Me han regalado una foto para localizarle. En la coctelería lo encontré.
Me explica la historia de un amigo de la familia, Feliciano.
Lo escribo literalmente mientras me lo explica Yord.

“Hace tiempo que sucedió.
Feliciano ya no podía resistir tanta soledad; estaba realmente agotado de tanta soledad; quería escapar, evadirse de la soledad, pero no podía; sus sueños le perturbaban pensando en la soledad; sus días se acortaban en aquella inmersión de la soledad; sus ideas no coordinaban ante la soledad y sus deseos se desvanecían frente a la soledad…

Feliciano aún recuerda aquellos primeros días en que para él la soledad fue un descubrimiento, fue algo insospechado que despertó en él un nuevo sabor de la vida. Para Feliciano la soledad le abrió un nuevo mundo que hasta entonces le había sido negado y prácticamente desconocido.
Fueron unos días maravillosos, inolvidables. Para Feliciano la soledad tenía un perfume, tenía unos innegables valores que transformaban todo su ser.
La soledad le hundía en orgásmicos placeres de máxima satisfacción.
Fue inexplicable su inicio a la soledad.

Feliciano también recuerda lo difícil que fue introducirse por primera vez a la Soledad. Sintió dolor, casi miedo, temía la impotencia de su decisión. Su falta de valor había sido fundada por lo que todos le habían dicho, por lo que le habían insistido de lo terrible que era la Soledad.
A pesar de su decisión valiente y decidida, nunca olvidará lo difícil y costoso que para él fue su entrada a la Soledad.
Sangrante su deseo, así lo hizo… entró… entró de lleno, con todas sus consecuencias, sin previsiones… perforó aquella muralla de indecisión y así fue como la Soledad se le abrió de par en par, absorbiéndolo hasta lo más profundo, realmente bebiéndoselo. Su entrada fue parecida a la caída en un profundo pozo de insospechadas emociones, donde sus paredes erguidas en diferentes formas rozaban su cuerpo en placenteros goces, cada uno de ellos de éxtasis diferenciados en constante crecimiento de placeres… La Soledad le ahogaba, le exprimía, le quitaba incluso la vida de gusto.
Aquello era demasiado…
Feliciano ya no sabía siquiera donde estaba, no veía nada… quiso tocar sus ojos con sus pesadas manos y estaban encharcados, inmersos en una laguna de llantos… gozaba o sufría… no podía más, no lo resistía.

De repente un fuerte vacío… quiso palparse y no se encontraba, solo sentía la humedad de sus ojos que lentamente iba cubriendo todo su ser.
En él no había más que la soledad.
Feliciano quiso entrar en la soledad…
Pero la soledad era quien había penetrado en él…”

Mi silencio fue aterrador.
Yord sorbió de su coctel.

– ¿Y os lo explicó Feliciano? – le pregunto.
– No. Es como mi abuelo nos narraba el día que murió Feliciano.

Soledad nunca muere. Vive gracias a todos sus amantes.

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