Día 25 – El Hombre Del Pozo

El hombre se baña cada día en el pozo.

El pozo está en las afueras de una casa deshabitada en la llanura cercana al bosque, en el altiplano del lugar. Es el típico pozo de pared redonda con polea y una cuerda para recoger el agua del fondo.
Es el único pozo sin propietario en muchos quilómetros a la redonda.

El hombre puede llegar en cualquier momento del día al pozo y con toda solemnidad se desviste. Y cada prenda la dobla pulidamente y la recoloca en el pie del pozo.
Una vez desnudo se ata la cuerda en la cintura y entra en el pozo.

Al rato, un largo rato, vuelve a salir usando las poleas y se vuelve a vestir con la misma pulcritud que se desnudó.

Siempre marcha con el pecho inflado y la cabeza en alto.

La gente del lugar fantasea con las entradas del hombre al pozo.
El hombre no es de la zona y nadie lo conoce.
Nadie se ha planteado preguntarle nada.
Pero todos hablan de él.

Algunos dicen que es un pobre hombre que se baña en el interior del pozo.

Otros dicen que en interior del pozo hay una habitación donde él hace algunas “cosas”.
Incluso algunos hablan de una casa entera.
Otros van más allá y hablan de una villa entera.

Una chica me habla de que este hombre es un terrorista que guarda armas en un habitáculo. Que ella es de una zona donde hay muchos terroristas y que esto se hace. Y que su cara le recuerda a uno de su lugar.

Nadie se atreve a acercarse al pozo a mirar.

Quizás haya una gran serpiente o un gran dragón.

El hombre vive a tres villas del pozo. Es el hombre sabio de la ciudad. Es el hombre respetado por todos los vecinos. A él se le pregunta por todas las preocupaciones de entre los comunes. Todas las preguntas pasan por él.

Casi cada día recibe una pregunta. En ese momento se va del pueblo despedido por todos sus vecinos.

El hombre va al pozo.
Se desnuda con lentitud.
Cada prenda la dobla pulidamente y la deja al pie del pozo.
Se ata la cuerda a la cintura y entra en el pozo.

En el interior tiene una conversación consigo mismo en voz alta.
Empieza con una frase azarosa a la que le sigue sus razonamientos sobre la misma.
Su voz resuena en un eco que se solapa con las palabras que siguen saliendo de su boca.
El eco es triple y a veces cuádruple si pone mucho énfasis.
Y las palabras pueden retorcerse con las nuevas palabras creando un diálogo en espiral infinito y sin sentido inicial.
Pero con sentidos múltiples en su resultado.
Finalmente calla y espera que todas las retorceduras vocales lleguen a un final silencioso.
En ese momento sale del pozo.
Se viste pulcramente y vuelve.

Al llegar le están esperando todos en la entrada de la villa. Delante de todos, el que ha hecho la pregunta.
El hombre, delante de él, y como rito iniciático, le pregunta

– ¿Cuál era tu pregunta?
– ¿los ricos deberían repartir su riqueza?
– Sí. Deben repartirla en partes iguales para cada uno de la comunidad.

Unos días después, tras una pregunta de los vecinos, vuelve al pozo.

Se desnuda con lentitud.
Cada prenda la dobla pulidamente y la deja al pie del pozo.
Se ata la cuerda a la cintura y entra en el pozo.
En el interior tiene una conversación consigo mismo en voz alta.
Empieza con una frase azarosa a la que le sigue sus razonamientos sobre la misma.

Pero la cuerda cede de la polea y toda ella cae en el interior del pozo.

El hombre no volvió a la comunidad.
Pasaron días. Y por todas las villas hablaban de su desaparición.

– Habrá muerto de suciedad… mira que bañarse en ese pozo con agua estancada…
– Se habrá quedado a vivir dentro…
– Seguro tienen un imperio y un harén en el interior de ese pozo.
– La policía lo ha capturado, lo sabía…era un terrorista….
– Ya te he dicho que no le preguntaras sobre si podíamos votar a quien queremos como hombre sabio de la comunidad… – susurran dos vecinos de su villa.

El hombre del pozo está en el fondo del pozo, barriga en alto, muerto mirando arriba, sin esperanza, mirando la luz a través del agua.
Pero sus huesos están bien vivos bajo el barro que hay bajo el agua entre caparazones de caracoles, escarabajos y de lagartijas.

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