Día 26 – La Ciudad De Los Pasillos Del Miedo

Me han llamado extranjero despectivamente.

La ciudad no tiene calles.
Tiene canales llenos de cocodrilos.

Las personas solo pueden cruzar las calles a través de unos pasillos y luego transitan por los pasillos interiores de los edificios.

Los pasillos que cruzan los canales son estrechos y con la barandilla baja.
Es fácil caer y todas las personas quieren ir por el centro y se apelotonan dándose codazos y sin importarles quien cae al canal. Siempre que no sea él el que caiga.

Los cocodrilos muestren sus morros a los cruzadores del canal. Dando temor.

En los pasillos todos van aborregados, con cara de temor continuo.
En los pasillos vigilan centenares de cámaras a los paseantes.

Estrés al límite.
Limite temeroso
Temor continuo.
Continuo cruce de canales.
Canales con cocodrilos.

Cocodrilos que estresan al límite el temor continuo de los habitantes.

Cruzando el canal oigo un silbido y un grito.

– ¡Eps! ¡Aquí! ¡En el agua¡

No me siento aludido pero curioso si lo soy. Me asomo a la barandilla, cosa fácil porque nadie se acerca, y veo un cocodrilo que me saluda.

– ¡Eo! Soy el cocodrilo que te empuje sin querer hace unos días, en mi ciudad – me dice el cocodrilo que ahora recuerdo que conocí el día 3 de mi viaje.

Un ciudadano me empuja y me precipito al canal lleno de cocodrilos hambrientos.

– Extranjero de mierda – escucho susurrar a alguien desde arriba.

Me despido de todo.
Me sumerjo en el canal con los ojos cerrados.
Y vuelvo a emerger flotando en el canal.
Nadie me ha tocado aún.

– Tranquilo, nadie te hará nada. Coge aire y sígueme.

Nos sumergimos y buceamos hasta un habitáculo donde no entra el agua.

– Aquí trabajo cada día. Nos contratan del gobierno de la ciudad para crear temor en el ciudadano. Los tienen colapsados de prohibiciones y temores. Todos se odian. Han conseguido que todos se odien y se dan codazos para sobrevivir.
Pero no nos comemos a nadie de los que caen. Es carne en mal estado. Carne dura de odio, llena de tendones, de nervios ácidos y sangre envenenada.
Además aquí cada uno se trae su fiambrera con su comida casera. Bastantes de nosotros somos vegetarianos.
– Y a mí no me habéis comido…
– No nos comemos a nadie. Cuando alguien cae los traemos a este habitáculo y por ese pasillo ¿lo ves? Les dejamos marchar.
Ese pasillo lleva al exterior. Cada uno escoge si escapar o volver a entrar a la ciudad.
La mayoría vuelven a entrar. Necesitan vivir con el miedo del control.
La libertad les da mucho más miedo.
Y te aconsejo que salgas y no vuelvas a entrar. A esta ciudad se entra, pero no hay ninguna salida. Solo este pasillo.

Un abrazo largo con el cocodrilo como despedida.

Un largo pasillo delante de mí.

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